lunes, 2 de junio de 2014

CÓMO ABRIR UNA MENTE: PERMITIR QUE SURJA LA PREGUNTA

Se ha considerado que en el aula de clase (por citar un único espacio), existen dos actores indispensables para el aprendizaje: el profesor y los estudiantes. No obstante, existe un tercer actor, uno tan importante como los dos primeros, sin el cual no podría existir realmente una relación de aprendizaje. Este actor es la pregunta. Sumada ella a los anteriores dos, se formaría una especie de Santísima Trinidad del Aprendizaje.

La pregunta, como bien nos han enseñado, y como bastante hemos vivido, es la razón por la cual nuestra especie se ha civilizado, es la que ha promovido la invención, la creación de cosas nuevas y aplicación de cosas ya conocidas de una manera diferente. Es la pregunta la que se ha encargado de inmortalizar nuestra presencia en el mundo, y no hablando de la mera supervivencia, sino de las creaciones que realmente han transformado el entorno y la forma de vivir.



Nuestros antepasados intelectuales y culturales, los griegos, aportaron de manera amplia y significativa a nuestro pensamiento, desarrollando razonamientos, sistemas, incluso artefactos, sólo a través de la observación consciente y la pregunta consecuente. Pero no cualquier clase de pregunta, sino una cuestión asociada a la verdadera conciencia del entorno. Así, una sola pregunta ha generado un proceso creativo en cadena, que ha cambiado nuestra historia. Entonces, ¿qué tal tantas preguntas como alumnos en un aula de clase? Creo que en nuestros grupos, un rostro como éste es un buen indicador:



Con una pregunta como ésta por estudiante, o al menos una pregunta diaria en clase, es incluso posible crear nuevos contenidos para entender los conceptos que se hacen necesarios en la respuesta a la pregunta. También es totalmente posible orientar al estudiante en la creación de hipótesis y planes de prueba para la misma, esto es, introducirle por el camino de la investigación. Por esto, en el aula es necesario promover un ambiente de reflexión y asombro, para que la pregunta, ese primer halo de creación, pueda ver nuestra luz. 

Pero eso sí, la idea tampoco es permitir las preguntas tontas, con lo cual me refiero al tipo de preguntas que no surgen de una reflexión o de un verdadero interés, sino con el ánimo de procrastinar la actividad de aprendizaje, con el afán de perder el tiempo. Esto no es poco común, incluso se ve mucho en nosotros los adultos; la Revista Cronopio publicó un artículo al respecto: Cómo hacer malas preguntas

En todo caso, quiero darte un pequeño consejo: seas pequeño o mayor, tus intervenciones siempre serán escuchadas, por uno o por mil; asegúrate de preguntar si realmente dudas o si estás en verdad en asombro, pues una pregunta tonta sólo traerá esto como consecuencia:



Bueno, en esta oportunidad te invito a compartir tu respuesta a esta pregunta: ¿qué preguntas significativas han surgido de tus clases, y cómo han encontrado respuesta? Tu aporte es realmente importante, pues puede orientarnos a muchos a encaminar el asombro de nuestros estudiantes. Además, servirá de antesala a una de mis próximas entradas, que habla sobre la importancia de mostrar afán por ayudar a responder las cuestiones nuevas.

Gracias por venir a visitarme.