lunes, 26 de mayo de 2014

EL RETO DEL DÍA

Toda clase empieza con una bocanada de aire fresco. Aire fresco y mirada desafiante al pomo de la puerta. Detrás de ella, espera uno de los más emocionantes y más exigentes retos en la historia de la Humanidad: hacer que un grupo de estudiantes sienta el deseo de saber más.



Es que la tarea educativa no es tan simple, parca e insípida como se ha pensado. Antes se creía que educar era solamente pararse frente a una audiencia, público o jurado (así se veía el aula), a recitar un conjunto de fórmulas, enunciados, citas, ciudades, y otras tantas. O sea, según las definiciones prácticas del entonces, la enseñanza consistía en monologar con espectadores. Ahora, se ha entendido que la educación depende tanto de la persona que llega a motivar y acompañar el proceso de aprendizaje, como de quien está siendo acompañado y recibe todas estas ideas como novedades. Es decir, la verdadera educación se construye en un equipo, de manera colaborativa y multidireccional, y no sólo emitiendo mensajes y calificaciones parciales.



Algo que he percibido y quiero compartir (es sólo mi punto de vista), es que hay cuatro elementos indispensables para el aprendizaje, los cuales están relacionados con otro montón de contextos y situaciones, de las que podríamos crear una discusión interesante:


  1. Capacidad para transmitir y asimilar el nuevo conocimiento
  2. Diversos medios para facilitar la comprensión y la creación de nuevas posibilidades
  3. Lenguaje adecuado, que permita expresar las ideas con claridad
  4. Actitud receptiva


Sí, ya sé que muchos van a decir que esto no es cosa nueva; pues entonces mejor aún, porque básicamente estoy contando lo que estoy viendo, y así las cosas, sirvo de evidencia para los estudiosos del tema. Estoy haciendo un resumen extremadamente somero de lo que muchos han querido decir.

Con todo esto, tomemos la lista y empecemos a revisar cuál es el punto álgido para muchos docentes, estudiantes y padres de familia que siguen de cerca la formación de sus hijos. La mayoría estará de acuerdo en que la actitud receptiva es el Talón de Aquiles, dado que la empatía con el docente (sea que lo conozcan o no), los antecedentes y situaciones familiares, la metodología de la clase, entre otros, afectan el sostenimiento de una actitud propicia y enriquecedora. Por eso, los tres puntos anteriores sirven como soportes, y deben considerarse mandatorios en el desarrollo interactivo de la clase.

¿Que si es un asunto agotador? ¡Claro que sí! Especialmente si no se tiene el hábito. Pero, si realmente amamos lo que hacemos, para eso estamos, ¿no?

Este tema se presta para escribir mucho. Hay ideas que deben ser profundizadas y compartidas con muchísimas más personas, para darles los matices que hagan falta, y que permitan hallar nuevas formas de hacer mejor las cosas. ¿Quieres ayudarme en esta causa? ¡Comenta! Tus opiniones y comentarios son bienvenidos.

Gracias por venir a visitarme.